Sonidos en la oscuridad

December 15, 2009 at 1:22 am (Uncategorized)

Había vuelto a casa hacía semanas, había ido en busca de un elfo que decía extrañas cosas de serpientes y me hallaba sola en la casa de Algonher. Sabía, de algún modo u otro, que algo no iba bien. En efecto. Subo al piso superior y me encuentro una nota sobre la cama. Rápidamente, cojo mi runa, desplomándome sobre la colcha.
- ¿Algon?
Me hace callar. Hay algo que no va bien, no está donde debería estar.
- Algon, contéstame, por favor. ¿Dónde estás?
Silencio. El silencio que puede tener mil y un significados. Ahora se ha convertido en incertidumbre, inseguridad… miedo.

Monto sobre los lomos de Strazs, mi fiel lobo de guerra negro. Por las pistas que Algonher me ha dado, está en la Isla de Fenris. El tauren, Estrago, y la líder de Portatus Ex Pest, Aurora, son quienes le tienen prisionero. De algún modo, Bleisdon está de su parte. Atravieso rápidamente Entrañas y no pierdo el tiempo en rutas de vuelo, corro a través del Bosque de Argénteos y me sumerjo en el agua lo antes posible para llegar rápidamente a la Isla de Fenris.
Olfateo. Nada. Noto sus olores pero allí no hay nadie. Poco después me dice que está en Scholomance y que, ante todo, no acuda. En cuanto llego a Castel Darrow, huelo algo más que muerte y ruinas, huelo vida. Hay gente aquí, por lo que dejo escondido a Strazs y entro en lo que queda del pueblucho con cautela. Hay dos entidades que desconozco en la entrada de Scholomance, pero son humanos. Espero hasta que han desaparecido de mi vista para acercarme a las puertas.

- ¡¡Soltadle!!- grito.
Oigo las risas de Aurora en el interior y a Algonher gritándome que me marche. No pienso abandonarle. Se abren las puertas del edificio momentaneamente para dejar salir a Estrago, el enorme tauren.
- Vete, Alh- me pide.
- ¡¿Te has vuelto loco?!
Le golpeo con los puños cerrados y la ira reflejada en mis golpes, pero parece como si le estuviera haciendo cosquillas. En el interior de Scholomance oía las risas de Aurora, gritando lo bien que se lo había pasado con Algonher mientras él me pide que me vaya, que no quiere que me capturen.
- Escucha, estoy de tu parte, pero si no quieres que Aurora te cace deberás irte, por favor- me dice Estrago en un tono algo bajo.
Cuando me doy cuenta, tengo el rostro lleno de lágrimas que rápidamente me seco. Oigo pasos.

Llevo una mano a la empuñadura de mi espada mientras me doy la vuelta. Es Doth’Jin, el troll que le cercenó medio cerebro a Lyreth. Le enseño los colmillos mientras aparece un renegado y un Sin’Dorei. El renegado parece querer entrar, pero Doth’Jin y Estrago se lo prohiben. Mientras tanto, el Sin’Dorei intenta saber por qué estoy ahí.
- ¡Tienen preso a mi marido!
Gruño mientras miro a Doth’Jin y a Estrago, desenvainando lentamente la espada. El elfo me dice que me esté quieta, que podría herirme.
- ¡Vete al infierno!
- No me dejas otra opción, preciosa- me dice.
Se dirige hacia mí, empuñando su arma. Me agazapo cual felino, esquivándole rápidamente. Vuelve a intentar golpearme y este es mi turno.
- Volveré a por ti en cuanto pueda, ahora me es imposible entrar- le digo a Algonher por runa.
- No podré usar la runa a menudo. ¡Vete!
Saco de mi zurrón un pequeño frasco que abro rápidamente mientras esquivo el otro golpe del Sin’Dorei, que ahora parece buscarme desesperado por doquier. Gracias a la Luz que las pociones de invisibilidad que Lyreth me ha proporcionado funcionan, pero es una pena que por tan poco tiempo.

Me quedo por Castel Darrow, vigilando los movimientos de quienes en la entrada se hallan. Voces. Me doy la vuelta y en mi dirección vuelven los dos humanos. Me acerco a la entrada para escurrirme por un hueco después. Me podría haber visto el Sin’Dorei otra vez, pero no lo ha hecho y estoy a salvo. No obstante, hay algo que ha llamado su atención y baja a ver qué sucede. Me agazapo, caminando lentamente hacia donde está Strazs, sin hacer el más mínimo ruido y escondiéndome por donde puedo.
Volveré pronto. Tengo que hacerlo, tengo que sacar a Algonher de las manos de esa perra. Tengo que volver a salvarle, tengo que volver a tenerle entre mis brazos. Pongo rumbo hacia Lunargenta, donde allí decidiré qué hacer y cómo.

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